El Departamento de Filosofía del IES María Rodrigo organizó el pasado 18 de febrero una actividad complementaria a las lecciones ordinarias de Filosofía en las aulas. Los alumnos de 1º de Bachillerato madrugaron (bastante más de lo habitual) para poner rumbo al epicentro mundial de los estudios acerca de la historia evolutiva del ser humano. La ciudad de Burgos alberga en sus inmediaciones el yacimiento arqueológico más relevante de cuantos conoce nuestro planeta: Atapuerca. Esta pequeña localidad, situada a unos 15 kilómetros de la capital burgalesa, esconde entre los pliegues de sus laderas el secreto que constituye a lo que hemos denominado ser humano. El grupo de investigación de Atapuerca situó, en los años noventa del siglo pasado, este pequeño punto de la geografía española en el foco de interés internacional cuando descubrió los restos humanos (de casi 1 millón de años de antigüedad) de una especie hasta entonces desconocida para la comunidad científica: el Homo antecesor.

Nuestra particular aventura arqueológica comenzó a las 7 de la mañana del viernes 18 de febrero: los estudiantes esperaban al autobús que nos trasladaría a los yacimientos de Atapuerca para contemplar, en primer lugar, las excavaciones que allí se llevan a cabo. Dos guías de la fundación Atapuerca dividieron a los casi cien alumnos que se apuntaron a la actividad en dos grupos. Además de la valiosa explicación, los alumnos podían ver de primera mano el funcionamiento del proceso arqueológico.

Después de nuestra aventura en los cerros de la friolera sierra de Atapuerca, a eso de las 12:15 de la mañana, regresamos a Burgos, en donde se encuentra el Museo de la Evolución Humana. Este centro cultural de referencia contiene una exposición minuciosa y lúdica de todo lo que, de forma experimental, se puede observar en la sierra. Tres guías se hicieron cargo de repasar el itinerario académico: estudiamos la hominización a través de los huesos reales de nuestros antecesores y no quitamos ojo a las reconstrucciones realistas de los homínidos ancestrales.

Por último, los alumnos pudieron disfrutar de un poco de tiempo libre por la ciudad de Burgos, allí pudieron comer y descansar de la intensa jornada. A las 4 de la tarde poníamos rumbo de vuelta al instituto. A la vuelta, los alumnos comentaban los hitos de la excursión, una salida de una envergadura que no se producía desde hacía dos cursos debido a la situación de pandemia. El balance del viaje fue, tanto por profesores como por estudiantes, considerado como muy positivo.